CORO Y TRASCORO
Publicación: Calatayud. Historia, arte, arquitectura y urbanismo. Una guía para salvaguardar la ciudad. ISBN: 978-84-9911-553-5
Editada por: Centro de Estudios Bilbilitanos de la Institución «Fernando el Católico».
Derivado de las obligaciones de hacer diariamente los rezos de las horas mayores y menores que tienen todos los cabildos de las colegiatas, Santa María la Mayor necesitó una sillería de coro. Debió contar con una al menos desde las décadas centrales del siglo XV, si no antes. Fueron las aspiraciones a convertirse en catedral las que llevaron al cabildo a hacer una nueva a comienzos del siglo XVII, de la que sólo se ha identificado una tabla con la inscripción: Hic est Chorus, fechada en 1601. En 1686, costeada por el infanzón bilbilitano Juan Miguel Pérez de Nueros y Fernat, se hizo la sillería de coro que ha llegado hasta nuestros días, ajustada al modelo tradicional hispano, ocupando un tramo completo de la nave central, formando una U, con doble sillería, potente trascoro y reja cerrándolo en la parte delantera. Hasta el momento, la falta de documentación ha impedido adscribir la obra a sus autores que, en todo caso, mantuvieron una unidad de acción dentro de la órbita del pleno Barroco.
El coro se construyó sobre un potente zócalo de piedra. Una reja de bronce dorado, con barrotes abalaustrados, precedida de balconcillos, sirve para darle acceso. Se remata con un friso sobre el que hay esculturas recortadas que representan, en el centro, la Asunción de la Virgen rodeada de ángeles en madera dorada y policromada, flanqueada por los Santos militares Gervasio y Protasio, roleos vegetales coronados con ángeles portadores de las palmas del martirio y los escudos de la colegiata en los extremos. Las sillerías alta y baja son de madera de nogal en su color, con profusión de ornatos vegetales, mascarones y guirnaldas. La sillería alta, dotada de elevados respaldos, tiene los brazos de cada silla adornados con águilas, mientras que la sillería baja lo hace con cabezas de querubines y la silla prioral, con estípites rematados con cabezas femeninas, siendo su respaldo el único decorado con una tabla pintada al óleo con la Asunción de la Virgen. Conserva el facistol, coronado con un templete, dentro del cual hay una imagen anónima de Cristo con la cruz camino del Gólgota.
Los frentes del trascoro son espectaculares. Sobre un zócalo de piedra, se disponen veinte columnas salomónicas de piedra de Calatorao, coronadas con capiteles de madera dorada de orden corintio, que determinan la existencia de siete altares y diez hornacinas, rematado todo con cornisas muy voladas y esculturas de yeso en lo alto, en posiciones muy movidas. El programa iconográfico principal está dedicado a la Virgen María, haciendo hincapié en las apariciones marianas ocurridas en el Reino.
De los siete retablos alojados en el trascoro, todos ellos de madera dorada de la segunda mitad del siglo XVIII, hay cuatro dedicados a la Virgen María en diversas advocaciones. Los tres retablos alojados en el frente occidental del trascoro están dedicados al Ecce Homo el central, con un óleo anónimo, coronado con un relieve de la Huida a Egipto, y a dos santos aragoneses los laterales: San Íñigo y San Pedro de Arbués.
En las hornacinas están representados tres de los cuatro padres de la Iglesia: San Agustín, San Gregorio Magno y San Ambrosio; el Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino; los oratorianos filipenses, que tanta importancia tuvieron para la música de los siglos XVI y XVII: San Felipe Neri, el beato Antonio Rassi, el beato Giovanni Govenale de Ancina y el Venerable César Baronio. Sobre la cornisa, en los ángulos, en bulto redondo, se elevan los arcángeles, Santiago en la batalla de Clavijo, San Jorge matando al dragón y varios santos reconocibles gracias a sus atributos.
