LA CAPILLA MAYOR

Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud

LA CAPILLA MAYOR

Texto: Herbert González Zymla / Diego Prieto López
Publicación: Calatayud. Historia, arte, arquitectura y urbanismo. Una guía para salvaguardar la ciudad. ISBN: 978-84-9911-553-5
Editada por: Centro de Estudios Bilbilitanos de la Institución «Fernando el Católico».

En 1611 la capilla mayor debía estar totalmente construida, ajustándose el presbiterio a planta rectangular, cubierta con una bóveda elíptica, sobre trompas en el lado oriental y sobre pechinas en el occidental, enriquecidas las dos últimas con clípeos en los que se representó a los Santos Arcángeles Rafael y Miguel. Ese mismo año, siendo obispo de Tarazona Diego de Yepes, se empezó a labrar el retablo mayor de madera dorada y policromada, concluido en 1614, siendo obispo Martín Terrer, cuyo escudo está en su ático. Se adjudica el retablo al mazonero Jaime Viñola y al escultor Pedro de Jáuregui, domiciliados en Calatayud. Confluyen en este retablo los planteamientos estéticos clasicistas del arquitecto y teórico italiano Jacobo Vignola, con los valores y formas de la escultura romanista aragonesa, cuyos autores, a finales del siglo XVI y a comienzos del XVII, reinterpretaban los modelos estatuarios de Miguel Ángel Buonarroti, con rotundidad y fuerza expresiva de singular plasticidad y volumen.

La estructura arquitectónica desarrolla, de abajo a arriba, un sotabanco, a base de ángeles tenantes, sobre el que se alza un banco, cuya superficie queda dividida en seis plintos, tabernáculo central, tres calles y dos entrecalles de tres cuerpos de altura y ático rematado en frontón curvo con dos volutas. Correspondiéndose con cada uno de los plintos, se usaron, en el primer piso, columnas de orden corintio con fuste retallado de grutescos en su tercio inferior; en el segundo piso, columnas compuestas entorchadas de fuste estriado helicoidal y, en el tercer piso y el ático, estípites antropomorfos.

Desarrolla un complejo programa iconográfico narrativo con pasajes de la vida de la Virgen, defendiendo su condición de Theótocos e intercesora por la salvación de la humanidad, que se completa con la representación de algunos personajes del Antiguo Testamento y santos. En el sotabanco hay dos relieves que representan el Martirio de San Andrés y a San Martín donando su capa a un pobre. En los plintos del banco están representados los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y dos santas mártires, Santa Paula y Santa Margarita. En los tableros situados entre los plintos del banco hay cuatro bajorrelieves con la Adoración de los Pastores y la Epifanía, y el Bautismo de Cristo y la Predicación del Bautista en el desierto. El tabernáculo, con forma de templete cubierto con una cúpula escamada sobre columnas, desarrolla en la puerta un relieve con Cristo muerto sostenido por los ángeles, en el coronamiento el Cordero de Dios y hornacinas con el Rey David, Moisés, Aarón y Melquisedec. Los paneles principales desarrollan el relato de la vida de la Virgen. La calle lateral izquierda, de abajo a arriba, contiene el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la puerta Dorada, la Presentación de la Virgen Niña en el Templo y la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel. En la calle lateral derecha se representa el Nacimiento de la Virgen, la Anunciación y la Circuncisión de Cristo. En la calle central estaba la Asunción de la Virgen, retirada de su emplazamiento en el siglo XVIII y hoy en el museo de la colegiata, Pentecostés y el Calvario del ático. En las hornacinas de las entrecalles fueron representados los Santos Pedro y Pablo, San Vicente Mártir, San Lorenzo, San Millán y San Íñigo. Recortados en la parte superior, alrededor del ático, las Virtudes teologales. En los extremos, San Prudencio y San Gaudioso, los patronos de la diócesis. En 1780, se pagó al escultor bilbilitano Gabriel Navarro la ejecución de una Asunción de la Virgen, una estatua casi de bulto redondo, cuyo tamaño rebasa el marco arquitectónico de la calle central, rodeada de rayos de luz materializados, nubes y ángeles en forzadas posturas.

En el presbiterio están enterrados el fundador de la Universidad de Zaragoza, Pedro Cerbuna del Negro, y el obispo de Tarazona, Vicente Ortiz y Labastida, conservándose en los muros laterales seis reposteros, tres de ellos de tisú de oro, con los escudos de la familia Zapata, del Reino de Aragón y de los Habsburgo, usados como colgaduras de pared cada vez que se celebraban fiestas solemnes. Para expresar la protección regia ejercida sobre la colegiata, asociados al presbiterio y a los pilares que soportan la cúpula, hay seis escudos de madera policromada y dorada con las armas del Reino de Aragón, de Fernando el Católico viudo y de Carlos I.