SACRISTÍA Y ARCHIVO

Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud

SACRISTÍA Y ARCHIVO

Texto: Herbert González Zymla / Diego Prieto López
Publicación: Calatayud. Historia, arte, arquitectura y urbanismo. Una guía para salvaguardar la ciudad. ISBN: 978-84-9911-553-5
Editada por: Centro de Estudios Bilbilitanos de la Institución «Fernando el Católico».

La sacristía se construyó en el siglo XVIII y debe estudiarse en el contexto de la política artística que desplegaron muchos de los cabildos eclesiásticos hispanos, cuando se afanaron en ampliar y embellecer sus iglesias. Buscando la comodidad que suponía su cercanía al altar mayor y la cantidad de horas de luz solar, la sacristía se construyó yuxtapuesta al sur de la cabecera del templo, ocultando parcialmente el exterior del ábside del siglo XV.

Su planta es rectangular, aunque cuatro trompas ornadas con veneras achaflanan sus ángulos convirtiendo el espacio interior en octogonal. Este se cubre con una original bóveda de lunetos, de los que únicamente dos de ellos se abren para albergar óculos de iluminación. El conjunto está decorado a base de veneras, guirnaldas, ovas y contario, flores colgantes, puntas de diamante, rocallas… Al carecer de una cúpula con tambor y linterna, se pudo añadir a la sacristía una segunda planta, construida sobre un forjado de madera con bovedillas de yeso, donde se alojó el archivo capitular, al que se accedía a través de una escalera recuperada en la última intervención. Consta documentalmente que la obra estaba terminada en 1743. Se ha atribuido al arquitecto carmelita calzado fray José Alberto Pina.

Las cajoneras de madera de nogal y el mobiliario son del siglo XVIII, decorado con rocallas y jarrones con azucenas. Dispone de dos retablos rococó con dosel, dedicados a Cristo crucificado, el que está situado en el muro oriental, y a la Inmaculada, el del lado occidental, que acoge una interesante escultura de origen napolitano. El concordato de 1851 significó para Santa María la Mayor la pérdida de su condición de colegiata, si bien en 1890, siendo Juan Soldevila y Romero obispo de Tarazona, le fue restituida tal condición ad honorem, gobernándose en la actualidad con un abad.